68 Marcialidad hasta en el teléfono


68 MARCIALIDAD HASTA EN EL TELÉFONO
Escrito por Berthing León Villanueva, en Puerto La Cruz, Venezuela, 04 de marzo de 2012
Si se trata de hablar de EL COLORAO LAURENCE SEMINARIO COLE diré que este personaje no necesita adjetivo para presentarlo porque era sencillamente espectacular, y me veo obligado a relatar algunos acontecimiento en los que es el protagonista o parte principal de la trama.
Cierta noche en que el colorao Laurence Seminario tenía adosado en su brazo derecho el brazalete de cuero azul con las siglas SG en color blanco para indicar que se trataba del Servicio General (el máximo nivel de los servicios entre los alumnos de la escuela militar) eran ya las 11:50 de la noche (absoluto silencio de medianoche) y en el cumplimiento de sus responsabilidades y funciones estaba actualizando el libro de Sanciones y Castigos en el escritorio de la Prevención de la Escuela (en el Departamento Militar) y de pronto …. sonó el teléfono, Riiiiiing, Rinnn……… no terminó la “g” del segundo timbrazo y Laurence ya tenía agarrado el auricular para contestar protocolarmente; el protocolo de responder una llamada telefónica consistía en 1) saludar dando los buenos días, buenas tardes o buenas noches, 2) identificar la unidad militar que está respondiendo la llamada, 3) el cargo y función del que contesta la llamada telefónica; y al efecto, contestó así:
-       Buenas noches, Prevención, habla el Servicio General.
Al otro lado de la línea, también de acuerdo al protocolo, el interlocutor que originó la llamada saludó y se identificó; el loco Seminario pegó un salto, se puso de pie, en Atención (Firmes), la mano izquierda agarrando el teléfono y pegándolo a la oreja y la mano derecha (con los dedos estirados y juntos) subió velozmente al borde de su cristina en perfecto Saludo Militar, para luego bajarla enérgicamente y posarse sobre la costura vertical de la pierna derecha del pantalón, sacando pecho y con la cabeza erguida contestó con voz alta y clara:
-  Si mi coronel, a la orden mi coronel, buenas noches mi coronel.  
Colgó el teléfono y volvió a sentarse (como si nada hubiera acontecido) para continuar con su labor.
Bert, que se encontraba ese día y a esa hora cumpliendo guardia de Centinela en la escalinata de la entrada principal, miraba y escuchaba a su compañero por la ventana abierta y soltó tremenda carcajada Jajajajajaja festejando la ocurrencia de su compañero. Al oír la carcajada el loco Seminario ni se inmutó, miró a Bert, levantó los hombros en la clásica señal de “qué me importa” y siguió escribiendo.
Bert continuó riendo y se prometió contar esto para conocimiento de sus compañeros porque fue el único testigo de excepción: Sólo a Laurence se le podía ocurrir ponerse FIRMES para contestar el teléfono. Como si el citado coronel lo estuviera viendo. Jajajaja.

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